Mostrando las entradas con la etiqueta rutas en moto. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta rutas en moto. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de junio de 2008

Madrid-Ubeda-Baeza

Madrid. 5 de Diciembre de 2007. Viernes. Aunque hemos hecho puente, son las 08:00 horas de la mañana. No es que sea redundante, es que es tan temprano para un día que no tienes obligación de madrugar, que parece que sea más pronto de lo que es. El termómetro de la mesilla dice que en el exterior hace una temperatura de 2º C. Estamos locos pero a punto de salir de casa. La noche anterior B-B había decidido de común acuerdo consigo misma, que saliésemos pronto como si fuésemos a trabajar para no coincidir con la señora que nos ayuda en casa, porque dice, que cuando la pilla, le pone la cabeza como un bombo y que no saldríamos en todo el día. Naturalmente, yo me opuse con un rotundo: “si cariño”. Al menos conseguí hacer y poderme tomar un café antes de salir. Yo es que hasta que la cafeína no inunda mis venas no me transformo en persona. (Os podéis ahorrar los comentarios).

Volviendo al tema de las señoras de la limpieza, tanto domésticas como de oficinas, yo creo que lo más duro de ese trabajo es que no pueden hablar con nadie en su trabajo porque normalmente están ellas solas, así que cuando pillan a alguien, es como si fuera un acontecimiento y tienen que contar de una vez todas esas cosas que guardan sin podérselas decir a nadie.

Pues lo dicho, bien pertrechados y abrigados nos ponemos en marcha. Efectivamente el termómetro es como el algodón del anuncio, no engaña, y hace frio, mucho frío y está nublado, muy nublado y no se ve porque es prácticamente de noche, ¡Ah, no! Es porque … ¡HAY NIEBLA!, pero que mucha niebla. Salimos a la M-40 dirección sur, o al menos eso creo, no pasan muchos coches, debe haber más gente con puente pero más sensata que nosotros para no salir a estas horas. Quizá es que con la niebla no les veo. A medida que bajamos la niebla se espesa y además me moja la pantalla del casco y continuamente la tengo que estar limpiando. Si la abro es peor porque las minúsculas gotas me hacen daño en los ojos. A través de los auriculares escucho la respiración agitada de B-B. (No es lo que estáis pensando, es simplemente que va acongojada).
Trato de adivinar donde está la salida para la carretera de Andalucía. En una curva del desvío hay un coche pegado a la mediana derecha mirando en dirección contraria, con algunos desperfectos y síntomas de haber hecho un trompo no hace mucho. El conductor se pasea hablando por teléfono. Solo daños materiales. Después de verlo, la respiración de B-B, ya se podría calificar de porno.

Seguimos sin ver, bueno por esta zona tampoco hay nada que ver, e incluso es mejor no ver nada por lo fea que es. Voy dándole vueltas a la cabeza de si sería bueno parar y que B-B se pusiera un chaleco reflectante que llevo en el cofre, pero al final llego a la conclusión de que, con la mala visibilidad que hay, es más peligroso pararnos en el arcén que seguir, y así circulamos sin visibilidad ni incidencias hasta la Cuesta de la Reina. No se de que le viene el nombre, pero mi padre siempre la ha llamado de esta forma, así que yo continúo la tradición. A mi nunca me ha parecido especialmente peligrosa, pero tiene tantos carteles de precaución, luces amarillas que parpadean en grandes cartelones de peligro, luces rojas que se van persiguiendo entre ellas en las señales de dirección de curva que asusta, así que, estando como están los fenómenos atmosféricos, en cuanto puedo me coloco detrás de 2 luces rojas horizontales, que supongo por su altura, deben ser de una furgoneta, hasta que terminamos de bajar.

Por el termómetro de la moto veo desfilar los números, primero bajando hasta llegar a 0 y luego subiendo pero con una rayita delante. Parece que a –4 decide pararse. El ambiente húmedo y los guantes chorreando, afortunadamente solo por fuera, hacen que empiece a tener unas ganas locas de parar y tomar algo caliente. De hecho, si no fuera por los puños calefactables de la moto que los llevo a tope, ya me habría bajado a llorar. De esta forma llegamos a Tembleque, curioso nombre para un pueblo, debe ser que del frío y la humedad todo el mundo va tiritando. Paradita para echar gasolina y tomar un cafetito MUY MUY CALIENTE.

Una vez reconfortados, cuando salimos del bar, el sol ya tiene la altura suficiente para reflejarse en la niebla y que te deslumbre. B-B se pone el chaleco reflectante y parece una bombilla. Mejor así. Yo me pongo las gafas de sol. Vamos haciendo kilómetros sin hablar mucho, alternando los bancos de niebla con los rayos de sol. Las autovías es lo que tienen, que son muy aburridas, pero en días así agradeces no tener más complicaciones. Llegamos a Despeñaperros. Curiosamente aquí el cielo está despejado y el paisaje parece como recién lavado chorreando agua. El sol resalta los colores marrones de las piedras empapadas y el verde intenso de los pinos y la hierba. Por los márgenes de la carretera corren arroyuelos y todo brilla destacando más aún el azul limpio del cielo. He pasado muchas veces con el coche por aquí camino de Ayamonte, pero eres incapaz de apreciar lo que te rodea. Cuando vas enlatado te aíslas del mundo y te pierdes muchas cosas. En la moto sientes el entorno, lo hueles, formas parte de él. Me encanta.

Pasadas las curvitas con paso tranquilo, recreándonos en el paisaje, seguimos hasta La Carolina donde nos desviamos para coger la A-301, carretera bien asfaltada que atravesando por 3 embalses, nos llevará directos hasta Úbeda, uno de los destinos de nuestro viaje.

Voy a tratar de disciplinarme y escribir más a menudo. La próxima semana os contaré cosas de Úbeda y Baeza.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Gredos-Jerte-La Vera

Es la primera ruta que hacemos acompañados de unos amigos en moto. Tengo ciertos reparos porque me gusta ir a mi bola, sin tensiones; ni correr porque has perdido al otro vehículo, o no poder aflojar para recrearte en un paisaje para que el otro no te espere, etc., pero al final resultó muy divertida y nos entendimos perfectamente por lo que disfrutamos de un bonito viaje.

Comenzamos la ruta con mucha calma sumidos en el atasco habitual de fin de semana por la carretera de Extremadura N-V, hasta que vino a nuestro rescate un furgón de la Guardia Civil con las luces y la música. Hábilmente nos colocamos detrás de él y nos fue abriendo paso hasta Navalcarnero que era donde habíamos quedado con nuestros amigos para comenzar la ruta. Como no era casi tarde, empezamos tomando café en la plaza del pueblo para hacer tarde del todo.
Comenzamos la ruta de verdad atravesando varios pueblos de la Comunidad de Madrid hasta su límite con Ávila y Toledo. Estamos en el apéndice suroeste, ese por el que Madrid se infiltra entre esas Comunidades y a nada que te descuidas te sales. Pasamos por Villamanta, Aldea del Fresno, ¡Que afán tienen en ese pueblo por recrear cosas imposibles en la meseta madrileña! A las afueras del pueblo existe una especie de playa artificial hecha en una represa del río Alberche. Ahora como no llueve ni los ríos llevan agua, tiene un aspecto bastante triste y un poco más alejado se encuentra la Reserva el Rincón, una especie de sabana africana con animales salvajes en libertad que puedes ver desde el coche. Con la moto no lo he intentado no sea que pase como en Parque Jurásico, que las atracciones se comen a los turistas.
Seguimos camino de Villa del Prado donde dejamos la llanura y comenzamos a trepar rodeados de enormes extensiones de pinares sin fin y así pasamos por Cadalso de los Vidrios y Rozas de Puerto Real, donde se encuentra el único o por lo menos, más grande castañar de Madrid. Bajamos por la carretera que comienza a estar tapizada con las primeras castañas maduras que caen y acompañados de las hojas roji-amarillas de los árboles y terminamos en la M-501 donde giramos a la izquierda en dirección a Sta. Mª del Tiétar, ya en la provincia de Ávila. Pasamos por Sotillo de la Adrada, La Adrada, donde paramos nuevamente a repostar, pises diversos, nuevos cafés, cigarros…
Ya repuestos, seguimos a Piedralaves, donde al poco, nos apartamos de la CL-501 (ya sabes, cambias de comunidad, cambias de nombre aunque la carretera sea la misma) y cogemos un desvío a Casavieja. El cambio es brutal, dejas una carretera ancha, bien señalizada y con arcén y te metes en una especie de túnel sin luz que forman las densas copas de los árboles a ambos lados de la muy estrecha carretera que no dejan pasar apenas la luz del sol y que además tiene el asfalto muy abombado en el centro y tienes que estar muy pendiente para no irte a la cuneta. Estamos empezando a subir la Sierra de Gredos y la carretera se va empinando.
Dadas las horas que iban siendo decidimos parar a comer en el siguiente pueblo, Mijares, un pueblo que se desparrama por la falda de la montaña y que todo es muy cuesta arriba o muy cuesta abajo.

Tras 2 horas de opípara comida, continuamos nuestro camino. Hemos hecho bien en parar para afrontar lo que nos espera. Ya no se trata de trepar por la carretera. Esto es escalada en toda regla. En apenas 28 kilómetros hemos subido más de 1.000 metros por una carretera estrecha y retorcida con unos "quitamiedos" que acojonan, ¡Qué ironía!, hechos con bloques de piedra y al otro lado el abismo.

Lo peor era cuando en una curva te encontrabas un coche de frente y te tenías que arrimar. No sé cómo lo harán cuando se junten 2 coches. Esto es Gredos en estado puro.

(No soy yo, pero si es la misma carretera por la que pasamos)
A pesar de las insistentes protestas de B-B, de vez en cuando, no podía evitar mirar a mi alrededor y disfrutar de las espectaculares vistas que se ofrecían desde aquella altura.

















Una vez atravesado el puerto de Mijares (1.570 metros) toca bajar aunque considerablemente menos de lo que habíamos subido. Así llegamos hasta Burgohondo donde giramos a la izquierda para enlazar con la AV- 905 a la altura de Navatalgordo. La carretera nos lleva por Navalosa y Hoyo Casero hasta Venta del Obispo, ya en la N-502. Poco dura la alegría, ya que en el siguiente pueblo, Venta de la Rasquilla, tenemos que dejar la nacional y coger un desvío a la derecha que a través de una comarcal (AV-941) nos lleva a San Martín del Pimpollar, Navarredonda de Gredos, Barajas, Hoyos del Espino y del Collado, Navacepeda, Navalperal y La Aliseda, todos ellos de Tormes. En este último paramos para descansar un poco de las curvas que llevábamos en el cuerpo, tomar un cafetito con cigarro y pises de rigor. Seguimos por Hermosillo y El Barco de Ávila, célebre por sus judías blancas. Estamos atravesando Gredos por las cumbres y por pueblos que aunque no son muy grandes, nos ofrecen su encanto serrano con sus construcciones de montaña.

Mientras paso con la moto en una soleada tarde de principios de otoño, noto que empieza a refrescar y pienso en lo duro que tienen que ser estos pueblos en invierno. En el Barco, paramos fugazmente para ponernos algo de más abrigo y prepararnos para cuando vaya cayendo la tarde. Cogemos la N-110 a la izquierda, que a veces recta y a veces sinuosa, pero sin punto de comparación con lo que habíamos pasado, nos va bajando de la montaña a las más templadas tierras del Valle del Jerte.





















El Valle se va abriendo a lo lejos y a medida que nos acercamos nos va ofreciendo unas preciosas vistas. Ahora en Otoño no es tan espectacular como en Mayo cuando se produce la floración de los millones de cerezos que hay en esta zona. Su flor blanca hace parecer que un manto de nieve lo cubre todo.

A ambos lados de la carretera se desperdigan numerosos pueblos. Pasamos por Puerto Castilla, Tornavacas y su puerto, todavía a 1.275 metros y a partir de aquí y tras unas pocas revueltas, la carretera baja en un continuo descenso. Continuamos por Jerte, que da nombre a toda esta zona, Cabezuela del Valle, Navaconcejo y Valdastillas, donde paramos a echar gasolina y a valorar lo que vamos a hacer a continuación, porque con tanta relajación y tantas paradas la noche se nos va a echar encima.

Tenemos la opción de dar un rodeo por una carretera que aparentemente es mejor pero que conlleva más kilómetros, así que los audaces jinetes, deciden seguir con el plan previsto inicialmente y saltar del Jerte a La Vera, si bien, tenemos que atravesar la Sierra de Tormantos, aunque para ser justos y advertir a los incautos como nosotros, deberían llamarla “Tormentos”.



Así que otra vez nos vemos haciendo escalada en moto (voy a patentarlo como nuevo deporte) en dirección a Piornal por una carretera estrecha y llena de curvas, esta vez con el aliciente de que el sol se estaba poniendo a una velocidad de vértigo. No habíamos valorado que ya no estábamos en verano y ahora anochecía mucho antes y más deprisa. Cuando conseguimos llegar al Puerto de Piornal (1.269 metros), ya era noche cerrada del todo y lo que es peor, ahora había que bajar en dirección a Garganta de la Olla.

La carretera nos introducía en un bosque que daba miedo hasta al lobo de Caperucita. Todo negro negrísimo, tan solo se iluminaba la parte de carretera que alumbraba el haz de luz de la moto. De vez en cuando miraba por el retrovisor y veía la moto de mi amigo y tras él la más espesa negrura que lo envolvía todo. Por delante no eran mejor las cosas, no sabías que te ibas e encontrar en el siguiente recodo. La carretera me parecía todavía más estrecha, más empinada hacia abajo y las curvas más cerradas, pero lo que de verdad me preocupaba es que nos pudiera salir algún jabalí o bicho similar y nos piñaramos contra él, pero creo que eramos los únicos seres, por el momento vivos, de los alrededores. No podíamos pasar de segunda y frenando. Lo peor era que no se veía ningún signo de civilización. A veces desaparecían los árboles y sentías como una sensación de vacío, seguramente así era y tras la negrura se escondían los más peligrosos abismos.

Afortunadamente ojos que no ven corazón que no siente. En esos momentos pierdes la noción del tiempo que llevas circulando, te entran dudas de si te habrás equivocado de carretera y de si por donde vas no llegas a ninguna parte, o va a desaparecer el asfalto y va a comenzar un camino de tierra o vas a aparecer en medio de un monte. Empiezas a valorar si es mejor continuar o dar la vuelta por donde has venido. De repente, en un recodo, veo el campanario iluminado de la iglesia de Garganta de la Olla, ¡Ya estamos salvados!, te reconfortas y sigues. Tras unos cuantos kilómetros y revueltas, descubres con cierto desasosiego, que sigues viendo el campanario a la misma altura y distancia que antes, como si no hubieras avanzado. Piensas si será una broma y te vas a pasar la noche dando vueltas al mismo sitio sin llegar a él. Tras un tiempo que se te antoja eterno, de pronto, te encuentras entrando al pueblo.

Ya recuperado el resuello y ubicados, continuamos por una solitaria ¡muy solitaria! carretera a Cuacos de Yuste y de allí en un pis pas, llegamos a nuestro destino en Aldeanueva de la Vera donde nos espera nuestro merecido descanso en un hotel rural, bastante bonito, Hotel Puerto del Emperador. Afortunadamente, el propio hotel tiene restaurante, así que dejamos los equipajes e inmediatamente nos dirigimos a darnos un merecido homenaje gastronómico y comentar, entre risas, las anécdotas e incidencias del camino.

Al día siguiente, paseo por Aldeanueva


y visita al Monasterio de Yuste, donde se retiró Carlos V. Toda está zona está marcada por el paso del emperador y todo hace referencia a él.



Después de haber pasado por las carreteras que hemos pasado en el siglo XXI, ¡Cómo serian en la época del emperador!, no me estraña que se quedara a morir aquí. ¡ Cualquiera volvía!.


Tras la visita, frugal comida para cubrir el expediente y vuelta a Madrid por la autopista.
Después de la aventura de la ida no estábamos para más experimentos. No obstante, me quedaron en el tintero cosas por ver y carreteras por recorrer que tengo ganas de hacer en primavera y de las oportunamente tendréis conocimiento.

lunes, 27 de agosto de 2007

Viaje de fin de semana

Madrid-Mérida-Madrid

Sábado, 14 de Julio de 2007

Este es un viaje que hicimos a mediados de Julio pero como estuve muy liado en la oficina en esas fechas y después me he ido de vacaciones no había tenido tiempo de contároslo.

Tenía ganas de hace un viaje largo con la moto, así que decidimos que nuestro destino sería Mérida, ya que está relativamente cerca y si nos cansábamos a mitad de camino, podríamos regresar a casa.

En días previos habíamos acudido a la tienda de nuestro amigo Florentín (Boutique del Motor) para pertrecharnos adecuadamente para tan magno acontecimiento. Tras sus doctos consejos, salimos equipados con 2 chaquetas de verano con protecciones hasta en las etiquetas, guantes en consonancia y unas buenas botas. Los pantalones los dejamos para otra ocasión. Es decir, que si nos metíamos una hostia que pareciéramos unos moteros profesionales y no unos aficionadillos que hacían su primer viaje largo.

Como viene siendo norma habitual de la casa, salimos 2 horas más tarde de lo previsto con nuestra flamante indumentaria, cuales caballeros de la Edad Media con sus bruñidas armaduras dispuestos para montar a nuestro brioso corcel. Como también viene siendo norma habitual en Madrid, atasco monumental de salida hasta pasado Navalcarnero.

Me alegra notar que le voy cogiendo el punto al bicho y que a pesar de llevar las maletas laterales con equipaje, el cofre lleno y a B-B detrás, soy capaz de llevarla recta incluso a bajas velocidades y sobre todo me he dado cuenta que cabemos por los sitios más inverosímiles sin que haya que lamentar víctimas con forma de retrovisor.

Una vez que dejamos atrás a los “enlatados” (coches), carretera limpia para disfrutar de la conducción. La moto va perfecta, es muy cómoda y te sientes seguro.

De la ida, poco más que contar ya que la autovía no tiene muchos alicientes ni paisajes llamativos. Hicimos una parada en Madrigal de la Vera para descansar, dar de beber a los caballos y breve refrigerio para nosotros para cumplir el trámite de comer. Nada digno de mención.

Por cierto, ¡Que calor cuando paramos! 38 º C. En la moto no te enteras porque te va dando el aire aunque no alcances mucha velocidad. Bueno … eh… le retorcí un poco la oreja durante el viaje, pero no me atreví a pasarla de 160 y solo en contadas ocasiones. A pesar del peso del equipaje y de B-B (de ella en sí como persona propia, no de su peso) además del mío, la moto nos llevaba como plumas y todavía tenía recorrido para mucho más, pero se trata de disfrutar y no de jugarse la piel.

Sobre las 5 de la tarde llegamos a Mérida. Si en Madrigal hacía calor, en Mérida y a esa hora, no os cuento, así que nos fuimos directamente a la habitación del hotel (NOVA ROMA, muy céntrico, con parking y bien de precio) y nos tumbamos a descansar un poco … Ese poco resultó ser 2 horas más tarde porque nos quedamos dormidos.

Ya descansados, duchados y relajados nos dispusimos a salir para conocer la monumental Emérita Augusta, ciudad llena de sorpresas que os contaré en la siguiente entrada. Dado que a esa hora ya no podíamos ver nada de los monumentos importantes porque estaban cerrados, nos fuimos a dar una vuelta, ver algunos monumentos que puedes ver sin horario mientras paseas y buscar algún sitio para cenar. Después de un buen paseo en el que nos recorrimos todo el centro histórico, estábamos viendo un restaurante desde la puerta que nos pareció aparente y en ese momento salió el dueño quien nos invitó a pasar. El sitio se llama TABULA CALDA. Como todavía no había nadie cenando se entretuvo en enseñarnos los diferentes salones que eran pequeños y acogedores y nos contó que el restaurante estaba en los sótanos de una antigua casa romana donde habían estado las cocinas, los almacenes y otras dependencias. En algunos sitios se podían ver los cimientos de piedra. Nos acomodó en una especie de patio interior con plantas y velas en las mesas, en contrapartida no se podía fumar. A pesar de la hora me pedí unas apetitosas migas extremeñas, con sus correspondientes huevos fritos, pimientos, chorizo, tocino … y después un bacalao dorado, se trata de bacalao desmigado enhuevado. Como veis algo ligerito. B-B no recuerdo que se pidió pero sí recuerdo que le supo rico.

Al día siguiente “madrugamos” (9,30 aproximadamente), dejamos los equipajes en la recepción y fuimos a ver el teatro, anfiteatro, circo y el museo. Sobre las 2,30 comimos. Nada especial, el sitio prometía por su decoración pero la comida era de lo más vulgar y a base de raciones. Sobre las 4 recogimos la moto del parking del hotel y el equipaje que amablemente nos habían guardado y emprendimos el regreso a Madrid.

Tras unos pocos kilómetros por la autovía A-5, nos desviamos cerca de Torrefresneda para coger la N-430 por la que íbamos atravesando pequeños pueblos del Plan Badajoz que parecían fotocopias unos de otros; todas las casas iguales, la misma distribución de las calles, la misma iglesia e infinidad de verdes campos de regadío atravesados por una infinita red de canales por los que circula el agua procedente de los numerosos y enormes embalses de la zona (Orellana, de la Serena, García Sola).

A medida que nos vamos alejando de Mérida, el verde del regadío da paso al intenso amarillo del secano pero el terreno sigue siendo llano y la carretera recta. A unos 10 Kilómetros del Puerto de los Carneros (Lo llamaran puerto pero solo tiene 525 metros de altitud), nos desviamos a la izquierda para coger la N-502 que nos llevará hasta Talavera de la Reina. A unos 11 kilómetros de este desvío, todavía en tierras de Badajoz, se encuentra Herrera del Duque, pueblo famoso por ser la cuna de J.L.Mayoral. El pueblo no parece gran cosa y es de color terrizo-amarillento como si estuviera camuflado en el paisaje. Lo único destacable es su enorme iglesia. Me doy cuenta que desde que dejamos la zona de regadío, los pueblos están a muchísima distancia unos de otros y recorremos grandes distancias acompañados tan solo por vastas extensiones de terreno sin cultivar.

Es a partir del siguiente pueblo, Castilblanco, que la carretera comienza a serpentear y a subir y nos ofrece bonitas vistas del embalse de Cijara. Estamos atravesando los Montes de Toledo con sus cumbres redondeadas y bajitas y así llegamos a la comarca de La Jara. Pasamos por Sevilleja, Belvís y Alcaudete todos ellos de la Jara, aunque también vemos en las señales nombres de pueblos tan curiosos como Rico-malillo, ¿En qué quedamos? o Buenasbodas. A partir de Alcaudete la carretera se endereza como un clavo y hasta Talavera el paisaje es el típico castellano-manchego. Ya en Talavera de la Reina, como se iba haciendo tarde y al día siguiente había que trabajar decidimos enlazar con la A-5 para llegar por ella ¡en caravana! hasta Madrid.

¡Qué atasco! No sé cómo la gente tiene ganas de salir en coche los fines de semana. Cuanto más veo esto más me gusta mi moto.

sábado, 7 de julio de 2007

Intercomunicadores

Llevaba tiempo leyendo en los diversos foros moteros sobre este tema y no terminaba de decidirme. Todos los sistemas que veía se referían a un aparatejo que se instalaba en la moto y que excepto para chup... servía para todo y luego un cable retorcido que saliendo del casco se enganchaba en la moto, lo cual no me gustaba por 2 motivos:



el primero y fundamental es que me recordaba a aquellas peliculas de miedo en blanco y negro que a veces echaban por la TV cuando yo era pequeño, donde había un científico loco y dos tipos atados en una camilla con un casco en la cabeza y conectados por unos cables que servían para intercambiarse los cerebros, y visto lo visto, prefiero quedarme con el mío. Ya se que vaís a decir que en mi caso, cualquier cambio sería para mejorar, pero que queréis, más vale lo malo conocido.



y el segundo, es que siendo como soy, lo normal sería que me bajase de la moto sin desenchufarme y a la primera de cambio arrancase el cable de un tirón.



Al final, un enlace llamó mi atención y vi un novedoso sistema de Midland BT Intercom que se llama CARDO (Yo no le he puesto el nombre), que a través de Bluetooth conecta al conductor con el pasajero y que además si tienes un movil con esa tecnología puedes hablar por teléfono o escuchar la musica que lleves grabada.



Tanto un sistema como otro están prohibidisimos, pero en éste, como no llevas pinganillo en la oreja sino unos altavoces extraplanos pegados por dentro del casco, espero poder líar a los guardias si me pillan. Por otra parte el microfono no distorsiona ni hace ruido con el aire. A velocidades ligeramente superiores a 140 Km/hora se escucha con total nitidez. A más velocidad casi es mejor no hablar con el pasajero.



Después de la primera excursión que hice con B-B en el que nuestro sistema de comunicación era tan rudimientario como:



golpecitos en el hombro y/o casco

Subida de visera y giro de cabeza

Motero (con un chorro de voz)- ¿Qué quieres?

BB - Qué jjshfkkeiu8iufhoos

M - ¿Cómo dices?

BB (con voz tronante) - Que hgsayttetfdysagyue

M - (aflojando la marcha) ¿Que qué decías?

BB- Que hace 2 Km teníamos que haber cogido la carretera de la izda.

M- ¡Ah! ¡Vale! Ahora doy la vuelta.



En vista de esta experiencia no dudé en comprármelos inmediatamente. Hice el pedido por internet y a los 2 días ya los tenía en casa entregados por Seur. La tienda que los vende es http://www.locuradigital.com/ donde además tienen otros variados aparatillos para infinidad de aplicaciones.



En cuanto llegué a casa los instalé en los cascos (incluso para mí fue sencillo) y B-B y yo nos fuimos a hacer la prueba inaugural con una ruta corta pero muy bonita:



Salimos de casa y enfilamos la M-607 en dirección a Colmenar Viejo, situado a 31 Km al Norte de Madrid. Durante todo el trayecto, además de las gruas de las construcciones, se divisa a lo lejos, la Sierra de Guadarrama. Un poco pasado Colmenar, y aunque seguimos en la misma carretera, se termina el doble carril, pero la carretera sigue siendo excelente y ya se dejan de ver ladrillos para ver campo. Por esta carretera llegamos a Cerceda, bonito pueblo de media montaña situado dentro de los límites del Parque Regional de la cuenca del Manzanares, que aunque cada vez se usa más como residencia habitual, siempre se ha disfrutado como pueblo de fin de semana y cuando pasas por allí, ves muchos chalets con paredes de piedra y tejados de pizarra con árboles y jardines. Al llegar, una carretera sale a nuestra derecha (M-608) que nos llevará hasta Manzanares el Real, donde su imponente castillo totalmente restaurado nos sale al paso, mientras que por el otro lado de la carretera nos acompaña el embalse de Santillana, llamado así porque fue construido por el Marqués de Santillana, y que a través del Canal de Santillana, surtía de agua algunos barrios del norte de Madrid en competencia con el Canal de Isabel II que provocó no pocos pleitos entre ambas compañías por la distribución del agua.

El embalse estaba lleno a rebosar y desde la carretera se contempla una preciosa vista. El sol del atardecer hacía unos bonitos juegos de luces que contrastaban el verde de los bosquetes de árboles salpicados de chalets de piedra y negros tejados como en Cerceda con el azul claro del cielo y el más oscuro del agua del pantano. Estas imágenes las aprecias mucho más en la moto, con el aire en la cara y sobre todo, gracias a los intercomunicadores, pudiéndolo compartir según lo estás viendo y viviendo con la persona que llevas detrás.



La carretera continúa hasta Soto del Real. Este pueblo aunque sigue manteniendo un ligero toque serrano a crecido enormemente, sin duda la influencia de la cárcel próxima ha debido tener mucho que ver en su desarrollo. Desde Soto parte una carretera (M-611) que, con unas curvas de por medio, nos llevará hasta Miraflores de la Sierra, donde paramos a tomar un refresco en una de sus plazas. Todo el centro del pueblo lo están haciendo peatonal. Hay infinidad de restaurantes en antiguas casonas y están rehabilitando todos los edificios principales. Da gusto verlo y pasearlo y pararse un rato a contemplar la gente tan variopinta que pasa por su calles.



Desde allí, por la M-610 continuamos a Bustarviejo. La carretera va descendiendo suavemente y la vista se pierde en la enorme extensión de terreno que se divisa desde aquellas alturas. A lo lejos se logra ver el embalse del Vellón. Siguiendo la carretera pasamos por Valdemanco y La Cabrera donde enlazamos con la A-1 para volver a casa.

La prueba de los intercomunicadores todo un exito, y ya estamos pensando en la próxima excursión que vamos a hacer con ellos.